Esto empezó mucho antes de que la IA fuera noticia.
Antes de que ChatGPT existiera, lo que siempre ha existido es la sobrecarga de trabajo y los jefes pesados. Respondiendo el mismo correo veinte veces. Copiando datos de una app a otra. Llegando a las llamadas ya sin ganas de sonreír.
Nosotros éramos esas personas.
Cuando la IA empezó a crecer, crecimos con ella. Aprendiendo qué funcionaba y qué no. Qué prometía mucho y entregaba poco.
Empezamos a usarla en nuestro día a día. Cuando acabamos una reunión, un atajo en el móvil nos genera el resumen y las tareas en segundos. Cuando llegamos al supermercado, la lista de la compra aparece sola en la pantalla. No es magia — es que aprendimos a que la tecnología trabaje para nosotros, no al revés.
Y entonces vimos el siguiente problema: la IA se puso de moda. Todo el mundo quería venderla, a quien fuera, para lo que fuera. Clientes con todo en papel a los que les vendían un agente de IA carísimo — cuando lo que necesitaban era digitalizar sus archivos.
Creamos Be Banana para hacer lo contrario. Escuchar primero. Entender el problema real. Construir exactamente lo que necesitas — aunque a veces eso no sea IA.
Porque la tecnología debería hacerte más humano en el trabajo, no menos.